Sentencias ciegas

Calle, calla, ¡cállense ya! Su señoría acaba de llegar,
¿Quién es el acusado?
¡Yo!
Pues hable jovencita porque empieza su cuenta atrás.

De mis errores haré espinas que no me volveré a clavar, ¡jamás!
Más caminaré hacia mi destino y estiraré del hilo rojo, cojo y roto
Pero, ¿sabes qué? Me coseré otro.

Y seré libre, seré grande y no otro de tus tontos.
Dime, bien alto bien claro, y con mis manos en tus cojones.

Decidme, ¿soy culpable?
Firma mi sentencia de muerte mirándome a los ojos, creyendo que valgo poco y comparándome a los otros. ¡Necio!

Y es que no sabe,
Que yo cuido de los míos,
De mi familia y mis diez amigos.
Que aprendo de mis errores
Y de los horrores hago lecciones.

Maldigo, al que actúa por vicioso y critica por celoso
A los que dictan sus sentencias sin mirarte a los ojos.
Pocos saben el sencillo secreto de un buen ser,
Bien dijo un sabio más de una vez.
Vayas donde vayas, hazlo con buena fe.

4111.97


5 respuestas a “Sentencias ciegas

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