RETRATO DE UN NUEVO MISERACHS

Galería Ana Mas Project exponiendo obras de Xavier Miserachs

Su mirada carece de preocupaciones, es más, transmite seguridad; provoca un sentimiento mezcla de complicidad y confort. Su reflejo es lo que más destaca, todo un instante congelado dónde él es el único protagonista. Un pequeño espejo apenas consigue revelar un rostro y un brazo inacabado que desaparecen junto con el blanco de la pared. “Tienes delante tuyo al mismísimo Xavier Miserachs”. Una voz inesperada pone fin al mundo paralelo de la libre interpretación. Es Irene, la coordinadora de proyectos de la galería Ana Mas Projects. Se trata de uno de los múltiples famosos autorretratos del fotógrafo barcelonés, Xavier Miserachs; esta vez, de su estancia en Tarifa durante su servicio militar en 1960.

Al levantar la vista, solo destacan dos colores: el blanco y el negro, dentro de un panorama frío y silencioso. La sala es espaciosa, en exceso; la gran ausencia de público nunca es bienvenida en este tipo de acontecimientos. “La gracia era buscar una agrupación un poco distinta de imágenes para que fuera más temática. Para que fuera más con el concepto que no con la cronología.”, dice Irene señalando cada rincón: el rural, el de la costa brava, el de los carteles, el de Moulin Rouge y finalmente, el del libro Barcelona en blanco y negro. Cada pared es un viaje. Más de 80 imágenes agrupadas, entre ellas, copias vintage, o copias reveladas por el mismo fotógrafo, que recorren sus primeros años de carrera hasta justo antes del salto al color.

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Autorretrato en la mili, 1960, Tarifa.

Hay una obra que destaca por encima de las demás: El Molino. Está justo al lado de una gran estantería de libros fotográficos donde se juntan todos los grandes autores: Joan Fontcuberta, Isabel Muñoz e incluso Mario Vargas Llosa, por su colaboración junto con Miserachs en Los Cachorros. El misterio y la picardía se unen en esa misma fotografía. Como si un foco de luz proyectase un momento  preciso, uno clave. Una bailarina de cabaret, a medio flexionar, acepta un objeto. Dependerá de nosotros saber que es, de quién y por qué.

Su increíble parecido a William Klein resalta de inmediato: una exposición humanística que recoge movimientos congelados.  Pero, siempre dentro de los márgenes de la nueva vanguardia, concepto otorgado por el crítico más destacado de la época, Josep Maria Casademont. Cada rincón muestra un Miserachs diferente o más profundo del que conocemos. Más cercano, más privado. No hay nada como el placer de, tras tantos años, descubrir nuevas imágenes totalmente desconocidas.

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El Molino, 1963, Barcelona.

El pasado 28 de marzo se clausuró la exposición  “Miserachs Barcelona” del MACBA, bajo una lluvia de críticas por parte de la prensa y, sobre todo,  de los familiares.  Según Arena Miserachs, hija del fotógrafo, solo se mostraba al Miserachs más conocido, reduciéndolo a su aclamada obra Barcelona en blanco y negro. Una razón de peso para que hoy se pueda disfrutar de obras inéditas e íntimas del fotógrafo en las galerías de Ana Más Project.

Desgraciadamente, la galería no hace relucir sus fotografías como se esperaba. La gran entrada de luz, por ambos lados, ciega las fotografías de manera que solo devuelven nuestro reflejo. Apenas se disfruta de la imagen como debería. Gran fallo para una venta de obras que redondean los 4.500 euros. “No todas las obras se venden.”, insiste la coordinadora, “La primera que te cautivó y esta de aquí.”, dijo señalándome una obra.  La necesidad de observarla de cerca era inevitable. No hay palabras, no hay colores. Solo una mujer perdida en el blanco de la foto, Bettine.  La familia de Miserachs decide no venderlas y enseguida se entiende el por qué. Es la belleza de dos fotografías únicas, curiosas y misteriosas que vale la pena conservar.

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Bettine, 1962, Cadaqués.

Ya no quedan más obras por disfrutar, tampoco más facetas de Miserachs por descubrir. Esta exposición acaba sabiendo a poco por culpa de las grandes expectativas que entre todos han puesto. Seguirá abierta hasta el 17 de junio de este año para todos los amantes, o simplemente curiosos, de la fotografía. Quizás MACBA se centrara en un única obra, en una manera más moderna de presentarla (se proyectaron las obras para hacer un recorrido cronológico por las calles de Barcelona); quizás sea una exposición de rebote a la anterior. Pero entonces habrá que estar a la espera de cuál será la próxima reacción galerista de esta proposición. De momento, las dos galerías barcelonesas no parecen estar a la altura de uno de los mejores fotógrafos del siglo XX.

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