Noche de pecados

Hijos bastardos de la historia más negra del deseo carnal. Nacieron para ser abandonados entre sabanas sudadas y arrugadas; dónde llorarán, más si no pueden, por la brevedad de un amor seco de ansias. 

Son la única prueba de que existió, bajo este techo, una noche de pecados. Los besos.

Fueron caricias que arañaban; dos bocas hambrientas buscándose en la oscuridad.
Pasión desenfrenada que pintaba de colores el ambiente. Rojo, lila, azul. No habían miradas cómplices, ni palabras dedicadas con amor. Apenas se escuchaba una respiración gemida. 
Él lo llamó placer. La cogía del pelo dominando su cabalgada, temeroso de perderla entre tanto desconcierto. 
Mezcla de sabores afrodisíacos, sublimación del alma. Ella iba bailando la danza del diablo, hasta que gritó su fin.
 
Fueron minutos a oscuras mirando el techo; ella oliendo a perfume de hombre y él manchado de carmín. 
Tocaba dejar la careta de amante y cambiarla por la de padre; tocaba volver a casa y rezar para que el marido estuviera durmiendo.
 
Siguieron soñando con este día. Pensaron que volverían a recoger esos besos que les despiertan cada media noche de un llanto agudo. 
¿Y si..?
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2 respuestas a “Noche de pecados

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