La conciencia 

Abandonan, primero uno y luego el otro, la habitación del hotel. Un poco de tinta derramada en un papel, un apretón de manos y una sonrisa complice de las futuras muertes que acaban de ser anunciadas. 

Se bajan las dos banderas flamantes de la sala, se apagan los micrófonos y los periodistas se levantan ansiosos por difundir la noticia lo antes posible. 

Sus jefes no les perdonan no ser los primeros. 

Solo uno se queda sentado en su silla; esperando, reflexionando.

Solo queda un periodista pensando más allá de sus fronteras, de sus intereses y de su gente.

Quizás no sea tan buena idea. 

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